8.2.12




“Deseó que sus palabras se deslizaran por sus oídos. Hasta lo más profundo de sus entrañas. Que como una enredadera negra se agarrara bien fuerte a todos
 y cada uno de sus presentimientos,
miedos y células del cuerpo. 
Los despierta, los agita y los altera.
Dejó, con una mirada, que un halo oscuro 
de odio reciclado desde hacía años y resentimiento le invadiera.
 Realmente deseó hacerle daño, mucho. 
Deseó que entendiera que su mundo unido al de ella era solo destrucción e incombustibles noches de angustia.”

A Emma le estorba la ropa. 
Se deshace de ella mirándose.
 Empieza a sudar frío, y empieza ahora mismo porque lo único que deseaba dejar en su habitación, entre sus sabanas y su vida era frío.
 Tras marcharse con su nueva identidad cerraría todo dejando vacíos de dudas y frío.
 Ya nadie podría tocarla, ya no le podrías tocar.

Porque ya no era nada

Emma sería determinación, sería fuerza e impulsos por verse a sí misma. 
Transparente, incorpórea elevada a la máxima grandeza: ser ella misma. 
Fría como el hielo. 
No habría contacto físico con el mundo, ni nadie podría tocarla por mucho tiempo.
 Pero sería Emma.
Coge impulso y patea.



Paah. M&M

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